Cuando te ciega la ambición tus ojos pierden de vista aquellos pequeños detalles que hacen la vida grande…
Una vez perdida la confianza…
Y llegan las crisis, los momentos de tensión. Esos momentos que quisieras no vivir y que por más que te dices a ti mismo no te enojes, a veces es imposible no hacerlo. No hay verdades absolutas y todos creemos tener una verdad y por tanto la defendemos e intentamos convencer al otro de que nosotros tenemos la certeza. Comienza así la lucha interna: razón vs corazón sumada a la lucha contra el adversario de carne y hueso.
Creo firmemente que todo ser que llega a tu vida no es por casualidad, trae una enseñanza y es necesario compartir con él para crecer, porque a eso venimos todos, a crecer. Algunos de ellos llegan para quedarse, otros tantos solo pasan de lado y aún así algo nos vinieron a enseñar. Y muchos otros, que en algún momento fueron valiosos se van, pero irónicamente permanecen, ya sea por el recuerdo o por un lazo que te une a ellos eternamente como los hijos.
La situación ideal sería que todos comprendiéramos que el enamoramiento no es eterno y que el amor de pareja, son palabras mayores, quien lo encuentra debería atesóralo y cuidarlo como la propia vida. Pero ese amor mal entendido o eso que se cree es amor se puede convertir en costumbre y/o amistad y por eso los caminos se separan. Sin embargo siempre hay una parte que pierde más, aquella que en verdad amaba, esa que tiene que pasar por el duelo casi de muerte, ese que se niega a creer la partida de la “otra mitad” ese que tiene que volver a tomar al toro por los cuernos y salir adelante, porque en esta aventura llamada vida, no queda de otra más que salir adelante… de amor nadie se muere.
Y entonces, a menos que seas un ser casi iluminado y el desapego no te cueste nada y puedas seguir por la vida como si nada hubiera pasado; cuando eres el herido en una separación, siempre existirá una espinita por haberse sentido engañado, traicionado, usado o que se yo. Esa espinita hace que saquemos las garras y dientes, que estemos a la defensiva sobre todo cuando de reiniciar la vida sentimental se trata, injustamente solemos negar el beneficio de la duda a los nuevos inquilinos del corazón y creemos que son como el anterior.
Esta es la primera gran prueba que tenemos los mortales ante una separación, recuperar la confianza en uno mismo y en los demás. Muchos la recuperan tan ampliamente que vuelven a dar oportunidad a aquel que ya una vez causó mucho daño, en ocasiones funciona, pero en la gran mayoría de estos casos, la traición del pasado no permite que uno vuelva a confiar igual, dicen que la confianza es como una hoja de papel, una vez que la arrugas, nunca volverá a su forma original.
Luego viene la aceptación, sí, aceptar que ya no nos querían y por eso se fueron, aunque duela esa es la realidad y si aplicamos eso de ponernos en los zapatos del otro, debemos entender que quizá nosotros hubiéramos tomado una decisión similar.
Finalmente seguir con la vida, pero cómo sigues con tu vida, cuando la situación ideal sería que aquel que hizo daño desapareciera (hipotéticamente) de la faz de la tierra y resulta que no, que le tendrás que ver la cara frecuentemente porque hay algo que los mantiene unidos y que los convierte en familia…disfuncional, pero familia al fin.
Y es aquí donde retomo, que difícil es mantenerla paz, la cordura, la paciencia, el centro o como le quieras llamar cuando una y otra vez y otra y otra y otra te quieren seguir viendo la cara, o al menos en tu verdad, eso es lo que crees.
Por eso no nos queda más que enojarnos, despotricar contra el otro, se vale, es necesario, hay que sacar todo, absolutamente todo de adentro para luego no enfermarnos, pero una vez que ese ego dominante se apacigua reconoce que ese ser alguna vez lo amaste y un poco más allá, ese ser también es parte de ti, porque todos somos uno ¿no? Entonces ármate de valor, vete al espejo y ve en tu mirada la mirada del otro y date cuenta de que ese otro lo que necesita es amor, porque ese otro, eres tú y tú lo único que mereces en la vida es amor.
Qué difícil es amar a esas personas ¿verdad? Ahí está la gran prueba y creo yo la razón para que esa persona llegara a tu vida, para que aprendas a perdona y amar…

UN DÍA….
Y un día las almas regresan a donde pertenecen. Un día las almas se vuelven a encontrar. Un día las miradas se reconocerán y al verse sonreirán…ese día en el que se vuelvan a besar.

APRENDER

…Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calorcito del sol quema. Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores. Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende…y con cada día, uno aprende. (Borges)
Mokṣaღ

Mokṣa… integridad, liberación espiritual, plenitud del ser, vencer las ataduras del karma el objetivo mas alto de la existencia humana: trascender.


